Por el cristal amarillo (Prólogo de Juan Ramón Jiménez)

Publicado el 27 April 2012
Archivado en Violeta HerGon | Salir del comentario

En mi casa blanca de la calle Nueva había una cancela que daba del patio de mármol al de los arriates. La cancela era de hierro y cristales, blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! ¡Con la luna de noche, qué belleza, mate sorda y rica!

Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores – geranios, hortensias, azucenas, campanillas azules- , por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito. Mi nostalgia de lo universal latente en mí desde mi semilla, encontraba largo y supremo deleite por el cristal amarillo. Era aquello como una exaltación musical, escalofriante y definitiva. Todo allí acababa bien; era un término como el beso del amor, como el de la gloria verdadera e íntima del arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento.

Este libro de Moguer quiero llamarlo “Por el cristal amarillo” en recuerdo de aquel cristal por el que ví en mi niñez tal espectáculo maravilloso y constante.

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